La nada, designacion lingüística,
está asociada a la idea de la ausencia;; específicamente, a la ausencia
de Todo, más que de un algo.
Como mero símbolo representativo,
que sienta la base causal de una estructuración del concepto
para un acercamiento primario a lo que realmente es la “nada”,
pierde su sustancia, y la forma plástica de la nada se reduce a
la concepción del término como tal mediante la
representación en la realidad objetivada de la ausencia.
Por ende, el concepto de “nada” termina siendo
comprendido en base al algo, y no a la nada en
sí.
Como en una distopía de abstracción,
se lleva la utilización del concepto sin la Idea a la que
se encuentra primariamente arraigada para expresar el vacío,
y se tergiversa mediante la
explicación a posteriori de la capacidad de representar y
objetivar la realidad, los objetos, el ser.
`Primariamente, podemos suponer
que la Idea de la nada es comprensible, pero no expresable
de forma simple por el sujeto, dadas las limitantes sensoriales
que se presentan en el dilema de la corporalidad. ¿Cómo
podemos hablar de la nada cuando existe tal negacion
de la nada hasta en nuestra propia naturaleza, nuestra
Voluntad? ¿Cómo podemos rasgar el
velo de lo sensorial para aventurarnos a concebir
la Idea como algo que se siente que se piensa, más que vivenciarlo
en la cotidianidad?
Resulta difícil escapar de aquella prisión
que ha recibido casi como sentencia la cosificación de la nada
y su principio de explicación posterior, aplicando el estado de nada
como un estado de inercia, mas que un estado de nada
como tal. Se tiende a la construcción mental de la
idea posterior principio de explicación para definir la nada
a través de la presencia de un no-algo, fenómeno
que no ocurre con el “algo”, que no es conocido por
ser la ausencia de la nada.
Pero la ausencia realmente no
es la nada, a menos que sea una ausencia-de-Todo, y
aun así, difícil es encontrar forma en que el
sujeto cognoscente, atrapado en las cadenas cognoscito-catécticas
y en la experiencia sensorial, puedan reconocer
a la nada pura, sin alterarla, siendo el sujeto la presencia
de un algo en la nada, que la percibe, y de cierta forma,
la representa, la imprime, sin la total certeza de lograr abarcar
la totalidad de ella, al perturbar con su presencia el estado natural
del vacío. (El ser es un algo.) Y la nada que se piensa a posteriori, es una nada con potencialidad de impureza, debido a que el instinto en estado primario, ajeno a todo simbolismo base del lenguaje, puede entrar en contacto con ella, sin llegar a buscarle definicion como tal, o explicación. La nada no posee más explicacion que aquella que posee la existencia del objeto. Es. Y al estar el ser frente a la nada, lo que era ella originalmente, su sustancia, se vuelve la nada-en-el-ser. Y es nuestra propia forma de concebir y construir mentalmente la realidad externa, que al enfrentarnos a la nada, la definimos como "vacío existencial", dotándole de funcionalidad cualitativa que la nada, en su Idea Absoluta, carece. La tornamos a nuestra utilidad, le otorgamos dirección mediante la proyeccion de nuestras acciones, no-en base, sino En ella. La impresion de la nada impura que ha emergido debido al determinismo simbólico ultraja toda potencialidad de percibir la nada y de estar en ella, sin conciencia de nuestra propia existencia de ser, mas que de aquello que compartimos de vacío con la nada que se vuelve Todo. El arraigo a aquello conscupiscible que nos otorga cierta medida pasional hacia los objetos nos impulsa a arraigar nuestra corporalidad, nuestra sensorialidad, y todo aquello que podemos interpretar, como un algo- ¡Incluso a la nada!
El simbolismo de la nada puede tener
significancia en el plano mental, en
el que se puede comprender la Idea que no ha logrado ser plasmada
del todo en el principio de explicación semántica,
más la vulgarización de la semantica como tal han conseguido
opacar a la capacidad del ser de apreciar la nada pura, consiguiendo
una impresión imperfecta de una falsificada nada. La necesidad
imperiosa de una explicación respecto a como sería la existencia
en una dicotomía ha resultado en un precario
cuidado de los conceptos a la hora de la terrenalización
de las Ideas, causando símbolos erráticos y difusos que solo provocan
una desconexión con aspectos de la Realidad, y con
la potencialidad creadora y redentora para con la Voluntad,
fuera de la contradicción interna. La Idea Absoluta
, libre de la prisión de las palabras, puede presentarse en
el sujeto de manera innata- puesto que la nada es
algo que es inherente a todo objeto vegetativo y sensitivo-
más, al buscar la redención de la explicación, se pierde
conexión con la Idea absoluta, llegando a una
idealidad parcial pensada y estructurada, suponiendo que
cierto grado de certeza ha de poseer, y dando como punto final
a la experiencia de la corporalidad, que debido a la identificación
y el reflejo del ser, pueden solo llegar a una (falsa) concepción
de los fenómenos a través del algo conocido. Es por ello
que la nada resulta comoda siendo emanada de la idea de
ausencia de un-algo, sin ser consciente de
que ¡Uno mismo es el algo!